La mayoría de ellos calla tras ser violado y es una tercera persona la que descubre el hecho.
Entre 2 y 30 días tarda un niño en denunciar el haber sufrido una violación sexual. En la mayoría de los casos es una tercera persona que descubre el hecho. Ellos, por lo general, ocultan lo ocurrido y la razón principal es el temor.
La amenaza por parte del violador a la víctima es la herramienta más utilizada para no ser denunciado.
Glenda Hernández, agente fiscal de delitos sexuales del Ministerio Público del Guayas, explica que el victimario manipula al niño con el fin de que oculte el abuso al que fue sometido. “Me decía que si le contaba a alguien él me mataba y también a mi mamá”, repite la abogada las palabras más comunes de los niños cuando testifican.
Hernández indica que esta manipulación es más frecuente en los niños de 8 a 13 años, ya que son más vulnerables frente a esta situación.
Según la psicóloga Beatriz Lira, a esta edad los niños son muy inocentes y no tienen la capacidad para discernir, lo que les dificulta diferenciar si algo está bien o mal. “Generalmente no entienden la situación en la que se encuentran, ellos tienden a ser sometidos por el violador que logra acobardarlo y la autoestima de la víctima se ve afectada, por eso calla”, explica.
En lo que va del año, el Ministerio Público del Guayas ha recibido 281 denuncias por violación sexual y aunque no estén clasificadas por edades de las víctimas, las funcionarias afirman que en su mayoría son niños y niñas.
Pero el miedo hacia el violador no es la única razón por la que las víctimas permanecen calladas luego de ser abusadas. Ellas también temen que luego de contar lo ocurrido, sus padres no les crean.
“Muchos que vienen acá me confiesan que en repetidas ocasiones han hablado con sus madres del tema pero ellas no los toman en cuenta”, relata Hernández. Ella, quien realiza las entrevistas a las víctimas, dice que varias veces los niños le confiesan datos que no habían dicho antes a nadie.
1.785 denuncias por violación sexual han recibido los Ministerios Públicos a nivel nacional en este año
Cuando Laura, de 10 años, le contó que la primera violación había sido hace más de un mes, concluyó su testimonio diciendo: “pero por favor no le diga a mi mamita eso”.
La niña no solo temía que su madre no le crea su versión sino también que la golpee.
Un caso similar relata Rocío Córdova, procuradora de menores infractores. En una ocasión recibió una denuncia de unos vecinos que afirmaban que el padrastro de un niño, de 10 años, lo violaba.
La madre y el niño, presuntamente violado, fueron citados y luego de una exhaustiva entrevista a ambas partes se descubrió que, en efecto, el señor violaba a su hijastro.
“Lo peor del caso es que la señora sabía del hecho”, dice la abogada. Y declara que hay bastantes casos en que las madres se ponen a favor del cónyuge y no de los hijos.
La coordinadora de los despachos de delitos sexuales, Yanina Villagómez, explica que no solo los padrastros son los actores de las violaciones. “En la mayoría son los familiares que cometen el delito”, dice.
Esta situación, según la fiscal Hernández, atrasa más la denuncia, porque el agresor, siendo un allegado, tiene más control sobre la víctima.
La directora de la carrera de orientación familiar de la Universidad Católica, María Verónica Peña, explica que en estas situaciones el abuso se mantiene oculto considerando que quienes lo cometen poseen poder sobre el infante a quien amenazan.
“Los privan de cualquier cosa o dicen que harán daño a algún otro ser querido si cuentan a alguien lo sucedido, el niño calla ya sea por miedo o por lealtad”, explica la orientadora.
En una ocasión María, madre de Alex (7), notó que su hijo presentaba moretones en sus muslos y tras preguntarle el porqué, él le echó la culpa a su hermano menor (4); la mamá le creyó. Pero cuando el chico presentó más golpes, la madre tuvo que amenazarlo para que hable: “si no me dices qué te pasó, te golpeo”. La advertencia funcionó y Alex confesó: su primo de 15 años lo había violado.
Cuando la abogada cuestionó a la víctima por su silencio, él dijo que quería a su primo y tenía miedo que si decía algo le hagan daño.
No obstante, los golpes no solo son el único indicio para detectar que un niño ha sido víctima de una violación sexual.
El cambio de actitud -dice Hernández- es la forma más fácil de darse cuenta que algo ocurre. “Se vuelve retraído, aislado, habla menos y llora mucho, pero no quiere decir el porqué”, detalla la abogada.
Para Córdova, las madres deben estar alertas a las actitudes de los hijos. Ella relata cuando una madre se acercó a contarle indignada la ocasión en que descubrió que su hija había sido violada por su propio padre. “Me dijo que no quería ir a la escuela porque su papá la recogería y después la llevaría a hacer esas “cositas ricas” que siempre le hace”, repite la abogada las palabras de la madre.
Cuando ocurre una violación –relata la orientadora familiar- el niño no es el único que sufre. “Los padres pueden llegar a sentir culpa por no haberlo protegido o no haberse dado cuenta a tiempo de lo que sucedía con su hijo, según sean las circunstancias en que se produjo el abuso”, dice.
Lira explica que cuando la violación se presenta dentro del núcleo familiar, la situación es mucho más complicada de detectar. “Los niños no saben cómo decirle a un familiar que otro pariente ha abusado de él porque afirman que no les creerán”, expresa.
La psicóloga dice que sin importar quién sea el violador, el niño sufrirá un fuerte trauma que quizás nunca se recupere en un 100%.
Por eso recomienda que la víctima se someta a un tratamiento psicológico permanente para intentar disminuir el impacto que causó el abuso.