Padres usan a sus hijos para que pidan caridad. El INFA tiene un plan para eliminar esta práctica.
Juan Morocho y sus 4 hermanos indígenas “trabajan” en Quito y recaudan a diario 25 dólares para su subsistencia. Su “labor” no tendría nada de extraño si no fuera porque consiste exclusivamente en pedir limosna y porque Juan tiene solo 5 años de edad, además el resto de sus hermanos no llega tampoco a la adultez. Su tarea cotidiana consiste en ir hasta la calle Foch con el consentimiento y bajo presión de sus padres.
“Toditito le doy a mi mamá. Ella me rebusca y si me quedo con algo, me pega”, comenta Juan, y añade que sus padres no trabajan y por eso dependen del dinero que sus 5 hijos les lleven. Aun así, él no es vigilado por sus progenitores durante la tarea que le asignan.
Pero hay otros padres que sí hacen de vigilantes. María Jimbo, se coloca en el parterre de la Av. La Prensa y Carlos Quinto, cuida a 3 niños y 2 niñas, que se dispersan entre los autos, cada vez que el semáforo cambia a rojo. María es la “administradora” del trabajo: “yo los cuido, ellos me entregan lo que ganan y yo les compro comida”, explica, y afirma que como ella hay numerosos grupos de niños mendigos con su “cuidador”.
Lo particular de estos casos no está solo en su labor, sino en que se ha llegado a verificar que las provincias de donde provienen los niños pertenecen a la Sierra Centro del país y luego son trasladados a Guayaquil, Quito y Cuenca. Allí hay alrededor de 1.500 niños que son mendigos y bajo la autorización paterna.
250.000 dólares es lo que destina el INFA para un plan de erradicación de la trata con fines de mendicidad.
Según información proporcionada por el Instituto del Niño y la Familia (INFA), en localidades donde habitan indígenas es donde mayormente acuden personas para llevar a los niños hasta las grandes ciudades e incluso a países como Colombia, Venezuela y Perú para pedir caridad.
El INFA ha verificado que los padres alquilan a sus hijos y las personas que los llevan a mendigar los controlan mientras realizan esa labor en las calles.
Según Lorena Chávez, directora de Protección Integral del INFA, para intentar paliar la situación se llevan a cabo, desde este año, 2 proyectos que tiene una inversión de 250 mil dólares. El plan, que comenzó en tres provincias del Ecuador: El Oro, Pichincha y Sucumbíos, consiste en trabajar con los padres en talleres de sensibilización para que comprendan que los niños pueden ayudarlos con labores, pero no realizar tareas peligrosas como mendigar en grandes ciudades.
Se estima además que para finales de este año las autoridades desarmen las bandas que operan en las provincias.
La fundación Desarrollo y Autogestión (DYA), que trabaja con el INFA en el tema, realizó un estudio en 2007 donde se establece que 29.517 niños indígenas trabajan y estudian, mientras que 44.387 solo trabajan. Álvaro Muriel, director encargado de DYA, explica que el trabajo infantil también se considera mendicidad.
“No existe diferencia porque las dos cosas están mal aplicadas en un niño. Además, así les digan a los padres de los niños que los llevan a trabajar terminan pidiendo caridad para completar el dinero que les falta”, dice. Muriel agrega que están trabajando en Quisapincha, Pasa y San Fernando a donde acuden mayoritariamente los tratantes para reclutar a los niños. “De ahí los llevan a Ambato y Quito, generalmente, para que pidan caridad”, manifiesta el director y recuerda que hasta el 2006 existían planteles educativos que contribuían con este problema.
“Había escuelas que cerraban desde noviembre hasta enero para que los niños migren a trabajar o pedir caridad. Estaban acostumbrados a este sistema, incluso les enviaban las tareas para esos meses”, recuerda Muriel.
En lugar de eso, el programa establece cursos extracurriculares, donde a los niños se les da talleres de creatividad y escritura a fin de que tengan una labor después de clases. El plan además se preocupa porque los niños terminen la educación básica con el “Programa Acelerado” que consiste en que a los chicos que tienen un nivel de atraso, de por lo menos 3 años, se les imparta las materias que no han recibido.
La fundación Patronato San José del Municipio de Quito también participa en la campaña para erradicar la trata de niños con fines de mendicidad. Santiago Pérez, encargado del Área de la Niñez del Patronato, afirma que además de las parroquias de Ambato también existe este problema en las provincias de Cotopaxi e Imbabura.
“Lo que queremos es que las personas se den cuenta de que si les dan dinero a los niños están contribuyendo a que este mal crezca, porque ellos no lo utilizan en beneficio propio sino en vicios o para entregárselos a los tratantes”, acota.
Lo que ocurre es que los tratantes también son conocidos de los padres. Así, por ejemplo, Consuelo Andrango, “trabaja” con un niño que no es su hijo. Ella espera en la esquina de la Piedrahíta, en Quito, con un bebé en brazos, el hijo de alguien que también mendiga: “es de la vecina, ella tiene dos guaguas y me presta uno a mí para que pueda trabajar... con un bebé me dan más”.
Para Balbina Salazar, especialista en terapias infantiles y familiares, si los padres de los niños permiten esta situación se trata “de un problema grave porque significa que la familia entera no está consciente del daño que está causando al niño y a la sociedad”.