La tercera parte de los infantes en edad escolar son castigados violentamente y con frecuencia en Ecuador
En las Avenidas 9 de Octubre y Boyacá, de Guayaquil, el domingo pasado una mujer castigaba a un niño de aproximadamente 5 años con palmadas en sus piernas porque se negaba a caminar. “No hagas eso Adrián”, le recriminaba furiosa. El llanto del infante captaba la mirada de los transeúntes que en horas de la tarde circulaban por el centro de la ciudad. Todos miraban, pero ninguno se detuvo a llamar la atención de la mujer que repetía el castigo.
En las últimas semanas en los noticiarios y diarios se repitieron noticias de niños y adolescentes que son víctimas de ataques por parte de adultos, ya sean conocidos o desconocidos. Delitos que iban desde el intento de violación hasta la consumación del hecho.
Esos casos no son casualidad, ni una percepción mediática. El Observatorio de la Niñez y la Adolescencia del Ecuador en un informe de 2007 y dado a conocer en enero de 2008, dice que al menos 870 mil menores ecuatorianos en edad escolar crecen diariamente en sus hogares bajo amenazas y castigos físicos.
“Ya nos cansamos de que nos golpee cuando está borracho o de mal humor. Esto ya tiene más de 10 años”
Estos ataques se manifiestan a través de golpes, cachetadas, latigazos, insultos, privación de comida, baños de agua fría o expulsión del hogar. La máxima expresión de la violencia es la violación.
La cifra proporcionada por el organismo representa casi la tercera parte del total de chicos cuyas edades se encuentran entre los 5 y los 14 años, según las cifras del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INEC). En el país hay 2’859.401 menores que pertenecen a ese grupo.
En los juzgados de Niñez y Adolescencia de Guayaquil si se realiza una consulta a las madres o padres que allí están poniendo un denuncia casi la mayoría se queja porque alguna de ellas tiene un hijo que ha sufrido maltrato físico o psicológico. No solo reclaman por las pensiones alimenticias.
Es el caso de María González quien con su hijo de 10 años ayer estuvo en la dependencia para denunciar el maltrato que propina su conviviente en contra de sus tres hijos y de ella. “Ya nos cansamos de que nos golpee cuando está borracho o de mal humor. Esto ya tiene más de 10 años y no lo soportamos más”, se quejó la mujer afuera del Juzgado Sexto.
Junto a ella, en el Juzgado Séptimo, estaba Johana Salvatierra, quien se acercó hasta dicho despacho de la Niñez y Adolescencia para denunciar que su convivente constantemente la echa a ella y a sus dos hijos de la casa cuando su cónyuge está enojado. “Hemos tenido que salir corriendo a buscar refugio en casa de mi mamá porque él se pone agresivo cuando viene de la calle”, explica la mujer.
La Dirección Nacional de Policía especializada para niñas , niños y adolescentes (DINAPEN) emitió un informe en el que se registra que desde enero del 2000 a mayo de 2006 hubo un total de 5.692 niños, niñas y adolescentes maltratados en Ecuador, estadística que confirma la frecuencia con la que se vulnera el derecho del cuidado y la protección que tienen los infantes.
Para el psiquiatra y psicólogo Eduardo Tigua la violencia que se vive en las ciudades del país guardan relación con los ataques de los que son víctimas los niños. “La violencia genera violencia. Esos infantes que son maltratados por sus padres, luego repiten esas mismas práticas”, dice Tigua, quien agrega que los progenitores castigan de esa forma a sus hijos porque ignoran las consecuencias.
Según el psiquiatra muchos de los delincuentes son personas que cuando eran pequeños fueron maltratados por los adultos.
El sociólogo Franklin Salazar encuentra el mismo peligro de que las ciudades de Ecuador se tornen más violentas porque no hay una formación adecuada de los hijos. Él explica que la raíz de este conflicto se genera en la pésima estructura económica y política del país. “Los niños seguirán siendo maltratados mientras no se cambie el manejo de la sociedad”, finaliza.
En cambio, Margarita Velasco, del Observatorio de la Niñez, indica que la manera correcta de educar a los hijos es formándolas con palabras y no “corrigiéndolos a golpes”.