Siempre se sintió atraído por el fútbol. Fue un niño bastante inquieto.
José Francisco Cevallos nació un 17 de abril de 1971 en Ancón, en el hogar conformado por doña Violeta Villavicencio (69) y Bolívar Cevallos Ontaneda.
Como toda persona regentada por el signo Aries, el ex arquero de Barcelona es obstinado y no desmaya hasta conseguir los objetivos que se propone.
Su familia era humilde. Ellos no tuvieron comodidades, pero tampoco carecieron de nada. Su padre era un hombre trabajador y su madre una mujer abnegada y dedicada a la crianza de sus hijos.
Siempre se sintió atraído por el fútbol. Fue un niño bastante inquieto, así lo califica su progenitora. A veces se escapaba de la escuela San Antonio y cuando estuvo en el colegio Velasco Ibarra, de Milagro, también.
Ese era el gran dolor de cabeza de doña Violeta, quien quería que su hijo fuese abogado, médico o ingeniero.
Pero la familia Cevallos-Villavicencio sufrió en 1983 la pérdida del jefe del hogar, don Bolívar, quien falleció cuando José Francisco tenía 12 años. Aunque la muerte prematura de su padre fue un duro golpe, José Francisco siempre contó con el apoyo de su hermano y el de su madre. “Ella siempre me apoyó, nunca me dijo que no”, narra.
“Es difícil comparar las tres finales porque el fútbol ha evolucionado muchísimo. Cada vez es más complicado”
Un año antes había ido a jugar al equipo prejuvenil de la Molinera. “Yo vi el ejemplo de mi hermano; cuando era muy pequeño, él ya jugaba y ahí me nació la idea de jugar a mí también...pero nunca pensé que algún día llegaría a hacerlo profesionalmente y menos en la selección”, dice “Pepe Pancho”, como lo llaman cariñosamente.
Admiraba a su hermano mayor Álex, y siguió sus pasos. Poco a poco, aquel camino recorrido tras los pasos de alguien más, se convirtió en la pasión de José Francisco, a quien siempre lo rodeó el “sí se puede” para llegar a donde ha llegado.
Pero “Las Manos del Ecuador”, como también lo llaman por sus grandes atajadas que le han valido hasta un título a nivel internacional”, también contaba con el respaldo de sus hermanas, quienes radican en Estados Unidos -Teresa Ivonne y Lorena Violeta-.
“Aquel 25 de abril del 2004 cuando me lesioné gravemente en el Clásico del Astillero jugado en el Capwell, ellas habían estado observando el partido por cable junto mi madre que estaba de vacaciones por allá. Le dijeron a ella y a los tres días ya estuvo mi madre a mi lado”, recuerda con mucho sentimiento el golero campeón de la Copa Libertadores 2008.
En 1990 llegó a préstamo a Barcelona, el mismo año en que marcó su debut. Llegó como tercer arquero del equipo, pero de ahí se dedicó a buscar la titularidad, la cual veía difícil, ya que estaban Carlos Luis Morales y Víctor Mendoza.
“Yo tuve la suerte y ellos la desdicha, de que ambos tuvieran muchas lesiones”, manifestó en su momento el arquero que retornó a la titularidad del arco de la selección nacional el 15 de junio ante Argentina en Buenos Aires por eliminatorias al Mundial de Sudáfrica 2010.
“Defender a Barcelona no era nada fácil, cada día debía prepararme más, entrenar más. Cada partido era un examen final para mí, porque los hinchas de Barcelona no te perdonan, te exigen mucho y había que responderles”, inisistió Pepe Pancho.
En 1991, se hizo dueño del arco amarillo con las mismas virtudes que demuestra hoy: sobriedad, excelente ubicación y voz de mando. Ese mismo año logró su primer campeonato ecuatoriano, clasificándose así para la Libertadores de 1992. En dicha edición, el cuadro torero llegó a semifinales, pero fue eliminado por apenas un gol de diferencia a manos del eventual campeón Sao Paulo.
Tras otros dos títulos locales, en 1995 y 1997, llegó su segunda oportunidad de conquistar América, en 1998.
“Fue muy especial, uno de los recuerdos más lindos de mi carrera. Pero nos topamos con un gran Vasco da Gama que supo aprovechar nuestra falta de experiencia”, recordó el arquero antes de jugar su tercera final copera.
Pero para Cevallos estaba reservada una nueva sorpresa, una revancha. Con su nuevo equipo, Liga Deportiva Universitaria de Quito, se metería a una final de Copa Libertadores. Antes -en 1990 y 1998- lo había hecho con Barcelona de Guayaquil.
“Es difícil comparar las tres finales porque el fútbol ha evolucionado muchísimo. Llegar a esa instancia es cada vez más complicado. No sé si voy a tener otra oportunidad, así que espero tomarme la revancha. La Libertadores es una espina que tengo clavada y llegó el momento de sacármela”, expresó en la víspera de la final con Fluminense.
Cevallos se siente contento por todo lo que ha vivido desde que juega en el fútbol profesionalmente. Dice que todo se lo debe a haberse rodeado de gente de mente muy positiva, que lo ha apoyado incondicionalmente. (MTM)