Volvió a la selección después de cuatro años, ahora ganó la Copa Libertadores.
“Levántate y anda”, así se dijo José Francisco Cevallos cuando todos determinaron su “muerte” futbolística por ‘viejo’ y ‘acabado’. Se convenció de que la gente es todo lo vieja que quiere ser y desechó la idea del retiro. Se otorgó el derecho a la revancha y hoy disfruta de la gloria de ser campeón de la Copa Libertadores con Liga Deportiva Universitaria de Quito.
Una parte de esa Copa le pertenece solo a él. Nadie podría discutir aquello si vio su actuación frente a Fluminense y antes cuando los albos dejaron en el camino a San Lorenzo de Argentina. Él tapó los penales decisivos, se agigantó en el arco e hizo valer su experiencia. Demostró que los años -esos inefables años por los que fue criticado y alejado de la selección nacional y de Barcelona- fueron determinantes. La piel se le había curtido con las críticas y los insultos. Las manos se le habían llenado de callos atajando penales en la Copa que quiso ganar y parecía esquiva.
Las lágrimas aparecieron inmediatamente ganada la Copa. Pero no eran lágrimas de emoción cualquiera, era el llanto de la revancha, era la expresión de un hombre que decía a todos aquellos que lo tildaron de ‘acabado’, ‘trinquero’ y ‘vejete’ que ahí estaba en pleno Maracaná levantando el trofeo y no como uno más, sino como la figura de la final, de su gran final.
“Porque a fin de cuentas, el triplete que valió fue el suyo y no el de su rival brasileño Thiago Neves”, como destacó diario El Clarín de Buenos Aires.
Cevallos se vistió otra vez de héroe tal como lo hizo 10 años atrás cuando en la semifinal de la Copa catapultó a los toreros a su segunda final copera. Por coincidencias esa noche en Asunción atajó tres de los seis lanzamientos efectuados por el Cerro Porteño paraguayo. En 1992 también el portero había sido la ‘pesadilla’ de los guaraníes cuando los dejó en los cuartos y eso que tenían en su arco al famoso ‘tapaenalties’ Sergio Goycochea, el golero argentino que se había ganado esa fama en el Mundial de Italia 1990.
"A fin de cuentas el triplete que valió fue el de Cevallos y no el de su rival brasileño Thiago Neves"
La andadura de Cevallos en estos últimos años no ha sido del todo feliz. A principios de 2008 muy pocos hinchas de Liga estaban de acuerdo con su llegada al club, el mismo Rodrigo Paz reconoció que le parecía que estaba “de regreso en el fútbol por su edad, además sabía que era resistido por la hinchada por haber hecho toda su carrera en Barcelona”.
“Alguien podría imaginarse a Cevallos en Liga... que le pasa a la dirigencia”, escribió un aficionado azucena en la página web de la barra “Muerte Blanca” cuando se anunció su contratación.
Él llegó humilde al equipo que le abrió las puertas, no se agrandó y se acopló al grupo. Trabajó en silencio esperando su momento. Había aguantado todas las críticas y calló esas voces con hechos.
La primera vez que visitó con el buzo albo el estadio Monumental –en el que tantas veces fue vitoreado y abucheado-, la afición del ídolo lo recibió de pie, con aplausos y coreando “que lo vengan a ver, que lo vengan a ver, que lo vengan a ver que este sí es un arquero barcelonés”. Esa misma gente que le había gritado “ya jubílate, lárgate de Barcelona” empezaba a reconocer que tal vez lo habían juzgado mal.
La prensa, la afición y los directivos le habían dado la espalda. Nadie creía que algún día iba a levantar una Copa a los 37 años, pero demostró que está más vigente que nunca.
José Francisco Cevallos no tuvo un adiós digno en Barcelona. Se fue en medio de una trifulca entre los jugadores amarillos y los del que ahora es su club. Mientras la cancha parecía un ring de boxeo, él saludaba a los hinchas que estaban en las gradas, más pendientes de la pelea. Era el 17 de diciembre de 2006, fue la última vez que se puso el buzo barcelonista.
Al año siguiente se fue a jugar al recién ascendido Deportivo Azogues. Bien pudo tomar como propia la narración de la película los “10 Mandamientos” cuando describía la expulsión de Moisés –interpretado magistralmente por Charlton Hes-ton- como príncipe de Egipto. “El que caminó con príncipes, ahora va con unas sandalias hebreas. El general ganador de mil batallas, que recibió honores de los reyes del mundo, hoy solo tiene un báculo en su mano. El que guió un ejército, ahora va en medio de las serpientes del desierto”.
Cevallos se fue un día cualquiera del club al que defendió por 16 años. Nadie lamentó su salida. Fue acusado de ser uno de los culpables de la crisis.
Se vinculó a Azogues sin poses. Estaba dolido, pero nunca mostró desagradecimiento por el equipo en el que se inició. Ahí sacó a relucir su jerarquía. Pero seguía vetado para la selección. El preparador de arqueros de la tricolor, Lorenzo Carrabs, lo había descartado por su edad.
Pasó un año y su futuro era incierto. Primero era Olmedo de Riobamba que estaba detrás de sus servicio. Pero la directiva de Liga se anotó el mejor punto, hoy lo reconocen, al contratarlo.
La hinchada blanca se resistió a la idea –aún ahora hay cierto recelo hacia él; le reconocen su calidad, pero no olvidan su pasado amarillo-.
Pero como Moisés, él estaba marcado para la gloria con otro “pueblo”, el albo. (MOR)