Un rayo de sol temprano (poemas de niños rusos) no se vendía en la feria, pero igual lo obtuve gracias a la despelotada existencia de esta.
No debe ser por gusto que se dice que nos fue “como en feria” para significar que la hemos pasado muy mal, esto es, “más pior” que nunca. Confiemos en la sabiduría popular y comprobemos que en la Feria del Libro de la ex perla del Pacífico nos fue como en feria: caos, bulla, actos simultáneos y contrapuestos, altoparlantes inoportunos, desinterés por lo que no fuera espectacular y burdo, grandilocuencia, predominio de lo histriónico, oferta submarginal y un largo etcétera sobrecogedor, y que Dios nos agarre sobrecogidos pero confesados.
Escondidita por ahí, la oferta valiosa, lo que nos permite decir que la feria del libro, aunque nos haya ido como en feria, vale la pena y debe continuar año con año porque peor es nada y poco a poco irá mejorando, la gente se irá acostumbrando a ver los libros y se enterará de que no muerden. Algo es algo.
Husmeando en el mierdero (palabra inexistente en el mata burros, pero fácilmente entendible) di con “Miércoles y estiércoles” (Alfaguara. Quito, 2008), novela no ficticia de Diego Cornejo Menacho –la mejor de las pocas publicadas de este tipo en el país- sobre la desaparición y asesinato de los hermanos Restrepo.
Los editores –duchos, experimentados en su oficio- señalan, en la cuarta de forros del libro, algo que es preciso en el caso: esta novela “demuestra que en los grandes thrillers no interesa atrapar al asesino sino al lector”. Y es que se trata de una ficción que “se parece deliberadamente (…) a episodios de la ‘realidad objetiva’”, como lo subraya el propio Cornejo, vividos en el Ecuador entre 1984 y parte de la década de los 90, y todos sabíamos quiénes eran los responsables. Son los mismos asesinos los encargados de buscar a las víctimas, y Diego Cornejo es magistral en el manejo de la compleja, cínica y ambivalente situación.
La verdad es que Miércoles y estiércoles no le pide favor alguno a A sangre fría, de Truman Capote, y mayor elogio no puede hacérsele. Y eso se lo debo a la feria, aunque me haya ido de la patada.
Un rayo de sol temprano (poemas de niños rusos) no se vendía en la feria, pero igual lo obtuve gracias a la despelotada existencia de esta.
Me lo regaló su compiladora y traductora, Elva Macías, y es un hermoso librito que me reafirma en mi antipatía por lo que los adultos escriben para los niños cuando estos son capaces de producir bellezas como estos ejemplos que, sin mayores vainas ni comentarios transcribo porque son auténticos rayos de sol temprano y estoy seguro de que no me harán quedar mal.
La leona y el leoncillo
Salieron las fieras a
tomar agua,
y se perdió el pequeño león,
aunque es malo mamá
lo necesita,
pero todos los niños así son.
Pantera negra
Como la noche en
medio del día
está echada y me mira.
Sus ojos arden
en la oscuridad
y esa oscuridad es
ella misma.
Y queda un libro aún, también vendido de mano del autor, Humberto Robles, el más valioso talvez (quizá sin el talvez) de nuestros analistas de la literatura (tenemos algunos y muy buenos) cuyo título es De Pigafetta a Borges, ensayos sobre América Latina (CECAL/Guaraguao, Barcelona, 2008) y contiene trabajos bella e inteligentemente escritos, vigorosamente argumentados y sustentados sobre El Señor Presidente; Los Sangurimas, Pablo Palacio, Jorge Carrera Andrade, Pedro Páramo, Hijo de hombre y Borges (“El converso y ‘El Sur’ de Borges: Memoria, antifascismo, antiperonismo, antibarbarie”, título inquietante que nos da la medida de la profundidad y sagacidad de la mirada de Robles que rebasa los estereotipos blandidos contra el ciego genial).
Un gran libro, en verdad, del que Humberto dice, con su habitual sinceridad y modestia: “Mi labor no ha sido otra que la de querer aclarar, explicar, ampliar, hacer accesible (s) ese (¿esos?) texto (s) desde mi circunstancia histórica y desde mis límites de conocimiento en ese momento dado. Talvez, recordando el sentido etimológico de la palabra, esa sea, a fin de cuentas, la labor de la crítica. Y no menos, por contigüidad, invitar al diálogo y a la dinámica de “nuevas lecturas”.
Una sola cosa extraña (toda explicación es vana): el trabajo del que parte el libro aparece en inglés y se llama “The First Voyage Around the World: From Pigafetta to García Márquez”.