Tomada de la edición impresa del 14 de julio del 2008

Unas lecturas voraces y muy desordenadas

 Desde la izquierda, los textos Andrés Caicedo, Rubem Fonseca y Ángela Arboleda. | El Telégrafo

El Telégrafo

Desde la izquierda, los textos Andrés Caicedo, Rubem Fonseca y Ángela Arboleda.

Andrés Caicedo fue un escritor y crítico de cine, caleño, autor de libros como ”¡Qué viva la música!“, que supuso una renovación narrativa en la literatura colombiana. El libro negro es póstumo.



Cualquiera que considere que vivir después de los 25 años es una insensatez tiene que apretar el acelerador y empezar a chuparse los días, con la certeza de que todas sus vivencias, lecturas, encuentros sexuales, dosis de marihuana, alegrías y  depresiones siempre van a durar poco. Y eso hizo el escritor colombiano Andrés Caicedo (nacido en Cali en 1951 y muerto por propia decisión en 1977, a los 26 años) quien nos dejara un libro renovador como “¡Que viva la música!” y un montón de papelería inédita que ha sido recopilada por sus amigos en obras como Angelitos empantanados, Destinitos fatales o Historias para jovencitos.

Caicedo siguió bien aquel consejo de Jim Morrison, quien decía aquello de “Muere joven y así podrás tener un cadáver bien presentado”. Pero eso no le impidió escribir como poseso y, tal vez mucho más, leer, leer, leer. Ahora con este, El libro negro de Andrés Caicedo (una obra de edición curiosa, raramente coleccionable) los seguidores de Caicedo pueden caminar junto a él y sus lecturas más obsesivas. Un rosario, glosario de sus libros y autores preferidos, con anotaciones en un cuaderno personal, con una pasta de tres argollas, de color negro, naturalmente.

Quienes lean ahora -de manera póstuma- las anotaciones literarias del “angelito atravesado” pueden sorprenderse con algunas de sus opiniones. A Borges le dice confuso y pedante; a Severo Sarduy, preciosista y fatuo; a Cabrera Infante, que es desordenado al narrar. En cambio, expresa su admiración sin límites por autores como Carlos Fuentes, Rulfo y Cortázar.

Este libro negro de Andrés Caicedo (no confundir con el de Papini, por favor) trae, al final, las reproducciones de los libros que pertenecieron al caleño atormentado. De todos los libros publicados después de su muerte este es, tal vez, uno de los más personales y transgresores. Las “reflexiones prematuras” de un escritor de 25 años, caóticas pero geniales.
David Sosa
dsosa@telegrafo.com.ec
Editor-Séptimo Día
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