Tomada de la edición impresa del 08 de junio del 2008

Recular y otras expresiones entre inocentes y tenebrosas

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El Telégrafo

Y aunque se oiga feo aquello de ser una persona sin crepúsculos, no tenerlos es menos grave que carecer de escrúpulos.



El Banco Central reculó en su decisión de suprimir el auspicio económico que le entrega al Archivo Histórico del Guayas para su funcionamiento.

Se oye feo, pero el verbo existe y recular significa “cejar o retroceder”; figurada y familiarmente: “flaquear en una actitud u opinión”; y en términos taurinos se dice que un toro es reculón o una res reculona cuando ante el reto del diestro lo rehuyen.  Obviamente, aunque no lo diga el diccionario, recular es irse de culo.

Pero qué bueno que el Banco Central reculó: primero, por el excelente trabajo investigativo y de conservación que hace el archivo bajo la dirección de José Antonio Gómez y el asesoramiento cabal de Willington (sí, con “i”) Paredes; segundo, por lo modesto aunque suficiente de la ayuda; y tercero, por la reacción de la comunidad guayaquileña en su defensa, reflejada en la respuesta inmediata de la municipalidad ofreciendo el financiamiento para que el archivo continuara operando.

Lo más importante, a la postre, es la sensibilidad del Banco ex emisor que le permitió “echar p’tras” y reconocer su equivocación (malentendido, dijeron).

Y si así llueve, que no escampe.

Sans culottes dijo un franchute sin que viniera al caso, y un porteño del Guasmo completó, trayendo lo dicho al caso, “sí, santos culotes”, ante lo cual explicó el galo que sans culottes significa sin calzones (figurativamente “descamisados”), y el guayaco exclamó entonces: “Por lo mismo, ¡santos culotes!”. Luego siguió su camino, muy campante.

Otra expresión tenebrosa, que está echando vapor por las orejas como olla de presión al fuego vivo (¿cómo será el fuego muerto?) en la Asamblea Constituyente, es “propiedad privada”.

Locura, en mi opinión, porque si propiedad es el “derecho a usar y disponer de un bien en forma exclusiva, de acuerdo a lo que la ley establece”, y propio es lo que es mío, propiedad privada, que es “lo que no pertenece a la colectividad sino a un particular” (o “lo que pertenece a  un particular y no al Estado”) sería un pleonasmo.

Pero se ha armado un huéleme el calcetín de la gran flauta porque dizque se está atentando contra el derecho a la propiedad cuando se habla de la capacidad del Estado para confiscar un bien particular si así lo exige la necesidad pública, lo que es más viejo que la sarna y el concepto de la propiedad ilimitada (“hasta el cielo y hasta el infierno”) del Derecho Romano ya no tiene vela en el entierro.

Los señorones (?) están preocupados porque confunden propiedad privada o particular con privar de la propiedad, pero no es lo mismo me priva (me encanta) tu propiedad que te voy a privar de ella o parte de ella por necesidad pública y siempre con una justa compensación, como no da igual el ballet o yo que el bayet o mi, como le decía un culto joven manabita a una balletista, advirtiéndole que le obedeciera pues él era un hombre sin crepúsculos.

Y aunque se oiga feo aquello de ser una persona sin crepúsculos, no tenerlos es menos grave que carecer de escrúpulos. La rima, en esta oportunidad no importa, ni es el caso de Otto, que cuando Fritz le protestó por la falta de rima de su verso “María fue al mar/ salió una trucha/ y le picó la rodilla”, le replicó: “Espera Fritz, espera que suba la marea”. Además, esas son ridículas malacrianzas teutonas. ¿O no?

Pos sí, dijo un chilango, y a otra palabreja tenebrosa que anda haciendo roncha por ahí.

Se trata ahora de autonomía, que es la facultad de una región, provincia, municipio o cualquier otra entidad social integrada a un Estado para afrontar sus asuntos con ordenamientos y poderes propios. Esto es normal y saludable en el Estado moderno porque afianza la unidad dentro de la diversidad, que es el caso de nuestro país.

España, en su diversidad extrema -vascos, catalanes, andaluces gallegos, castellanos, etcétera-, es un excelente ejemplo que basa su integración en estas regiones autónomas que hablan la lengua de Castilla en general pero también las suyas: catalán, euskera, galaico portugués, asturiano, valenciano, etcétera, y se rigen por sus propias normativas y poderes.

Y basta ya de estas supuestas tenebrosidades, y digo supuestas, pues todos sabemos que opinar no es más que eso, y que la verdad, en términos absolutos, no existe.

Por eso, este cronista, como Poncio Pilatos, se lava las manos. E igual que el procurador romano que salvó a Barrabás, el rebelde judío de la secta de los celotes, durmió en paz.
Miguel Donoso Pareja

Escritor
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