El ballet de la Casa de la Cultura cumple 60 años de gloria y austeridad.
El piano con el que las primeras alumnas de la Escuela de Ballet de la Casa de la Cultura, núcleo del Guayas (CCNG) recibían sus clases, allá por 1948, ya no se deja oír en los salones de la entidad que este 14 de agosto cumplirá 60 años. Es una grabadora la que acompaña los ‘épaulement’ (giros del cuerpo) de las aprendices que participarán, junto a otros 40 bailarines de otras compañías, en la gala que conmemorará el nacimiento de la que fue la primera vitrina de la danza en el país.
En el marco de la celebración, la presidencia de la institución reconocerá a una de sus maestras, Esperanza Cruz, quien en la década del 50 se consagró como una de las estrellas de la academia fundada en la presidencia de Carlos Cevallos Menéndez.
El tiempo no ha pasado en vano para la institución, cuyo cuerpo de baile fue considerado el tercero mejor de la región. De aquellos años conserva el prestigio que la catapultó a escenarios internacionales, como el Teatro de Bogotá, donde en 1962 congregó a 10 mil personas.
Para Yelena Marich, ex alumna y actual directora de la escuela de ballet, es ese buen nombre el causante de que el número de aspirantes que acuden a tomar el curso de pre admisión se incremente año a año. “Tenemos una trayectoria que se ha cultivado con ética y profesionalismo. No enseñamos danza de la noche a la mañana”, afirma la que desde hace doce años ha estado al frente de la enseñanza en ese organismo.
Con la llegada de Marich se reforzó la estructura académica del Ballet de la Casa de la Cultura, núcleo del Guayas. Ella instauró los cursos de pre admisión, los cuales se realizan en febrero, y consolidó los diez niveles de aprendizaje que existen en la actualidad. Según lo explica Marich, el énfasis de la enseñanza está en los primeros años, en los cuales se cuida el equilibrio, la postura y el giro del estudiante. “Es importante cuidar estos aspectos en la formación básica, ya que esto garantiza que el alumno vaya sin problemas a un nivel superior”.
“Tenemos una trayectoria que se ha cultivado con ética. No enseñamos danza de la noche a la mañana”.
YELENA MARICH directora de la Escuela de Ballet.
En estos momentos son alrededor de 300 alumnos los que reciben clases de danza clásica, contemporánea y folclórica en los dos salones que posee el establecimiento. Al finalizar sus estudios, ellos reciben un diploma que no cuenta con el aval ni del Ministerio de Educación ni del Conesup. De ahí que Marich recalca que la instrucción que se imparte en la CCNG es básica y luego de ésta “el alumno debe aplicar a una universidad para obtener el título de licenciado”.
La época de oro del centro dancístico incluía fastuosas puestas en escena. Al contrastar aquellos días con los que corren, Marich sostiene que se debe tomar en cuenta que ella está al frente de un segmento de la Casa de la Cultura y que, por lo tanto, su gestión depende mucho de la cabeza general, en este caso, de la Presidencia. “También debe tomarse en cuenta que eran otros tiempos en los que había mayor apoyo a la danza”, recalca.
En cuanto a la disminución de la proyección de las coreografías elaboradas al interior de la escuela, la directora menciona que antes contaban con un cuerpo de baile que actuaba constantemente y que ahora, al no contar con él, no pueden descuidar la preparación técnica de los danzantes para llevarlos a los escenarios con mayor constancia. “Tenemos alrededor de cuatro funciones anuales, entre las que están las de finales de curso, y ese constituye un buen número. Es importante mantener el equilibrio entre la formación y la exhibición”, afirma.
Sin embargo, no descarta que le gustaría pasar del montaje de segmentos de obras a las escenificaciones totales de piezas con juegos de luces y grandes diseños.
¿Cuál es la limitante? Una de ellas es el presupuesto, sostiene. En su afán por masificar la danza la entidad cobra 15 dólares por la matrícula y el mismo valor por las mensualidades. El rubro que se le asigna anualmente la presidencia de la CCNG bordea los 88.000 dólares. Esta cantidad se usa para pagar sueldos, salarios, elaboración de proyectos y la cobertura de 15 becas.
En estas seis décadas, el ballet ha sido dirigido por 11 profesionales. Los primeros siguieron una línea clásica desde distintas tendencias. Fue en los noventa cuando Lucho Mueckay, actor y bailarín contemporáneo, en calidad de director, intentó traer a la institución la contemporaneidad. Sin embargo, según lo explica Mueckay, el proceso no alcanzó a despegar. “Hubo mucha resistencia al cambio y surgieron una serie de inconvenientes que desembocaron en el cierre temporal de la escuela”, recuerda el fundador del Centro Cultural Sarao.
Mientras el departamento de danza se encontraba gestionando la independencia administrativa de las demás secciones de la Casa de la Cultura, núcleo del Guayas, se le encargó la dirección a Fausto Arroyo, quien años más tarde reconoce que una de las debilidades de la Escuela de Ballet de la CCNG radica en que no cuenta con un pénsum que ordene los conocimientos ahí adquiridos. “Debe enseñárseles teoría y uno de los idiomas básicos de esta manifestación artística, que es el francés”, indica el artista.
Para Yelena Marich, sin embargo, la calidad de sus graduadas no está en discusión. Las medallas de oro y plata que año a año ganan sus pupilas en el concurso del CIAD (Confederació InterAmericana de Danza) la respaldan y a su vez la motivan a seguir proponiendo proyectos que den continuidad a la que fue la cuna nacional del ballet.