El argentino está de paso por el país como invitado del Festival Internacional de Danza.
En 1995, el ese entonces veinteañero Iñaki Urlezaga, deja su natal Argentina para unirse al Royal Ballet de Londres. Pero antes de que le llegue la invitación para integrar ese reconocido ensamble dancístico, el artista ya había ganado el Primer Premio en el Concurso Latinoamericano de Ballet; la Medalla de plata en el Concurso Internacional de Ballet, en París; y una medalla y tres menciones en el certamen internacional de ballet de Moscú.
Tras mirar hacia atrás, Iñaki recoge las dispersas imágenes que le llegan como parte de una vorágine. Por eso, dice, no tiene muy claro cómo se ha ido hilando su trayectoria, que ahora lo ubica como una de las figuras más importantes de la nueva danza.
El bailarín cuenta que un día llegó a una academia de ballet en su natal La Plata; después de un tiempo, al gran Teatro Colón de Buenos Aires, con una beca; y -finalmente-otro día tomó conciencia de que Argentina no era más el sitio de la danza: “el mundo es el lugar de la danza”, aclara rotundo Iñaki, luego de mucho picarlo para que deje las respuestas lacónicas y simplonas de lado.
En su paso por Guayaquil, a propósito de su actuación en el marco del Festival Internacional de la Danza -que se desarrolla paralelamente en Manta y en Quito-, Iñaki recibe al equipo de este Diario en uno de los camerinos del Teatro Centro de Arte.
Inmediatamente, aunque esté sin atuendo de bailarín, luzca algo despeinado y esté rodeado de utilería escénica, el también coreógrafo logra generar una atmósfera particular. Él no permite que su interlocutor olvide que se está hablando con una de las estrellas del ballet. No lo hace frontalmente, claro. Pero, en cambio, refiere que poco le importa lo que se publica en la prensa sobre él, o lo que dice la crítica especializada. Además, que no se preocupa por seguirle la pista a la producción dancística de la región y que solo tiene relación con algunas compañías de Chile. Además que las asociaciones de la danza tampoco le hayan propuesto que forme parte de ellas, le da lo mismo... Sobran las pruebas.
Desde 1999, el artista trabaja con Ballet Concierto, la compañía que fundó junto con Lilian Giovine
Lo que le interesa a Iñaki es hacer un buen trabajo en el escenario; y que los 15 bailarines que conforman Ballet Concierto, la compañía que formó en 1999, no olviden que el trabajo de la danza es riguroso, intenso. “Nos movemos de un país a otro todo el tiempo, pero no podemos dejar de ensayar al menos seis horas diarias”, enfatiza el artista.
Esta aclaración deriva a charlar sobre Lilian Giovine, la directora de Ballet Concierto, quien ha sido una de las más importantes figuras en la vida de Iñaki.
Lilian fue su maestra en La Plata y ahora es su compañera de creación y también su directora escénica. Ella es con quien viaja, comparte, debate a diario, cuenta Iñaki. Y agrega: “trabajamos con comodidad plena, porque dejamos que cada cual ejerza la función que le corresponde en el momento adecuado”.
Con Lilian es con quien el bailarín ha indagado la danza contemporánea; pues él, ante todo, ha sido un representante del ballet clásico.
En el marco de Ballet Concierto, han explorado juntos el flamenco y esa “maravillosa música nostálgica que es el tango”, dice luminoso el artista. Y también asegura que es ahí donde mutó de bailarín a coreógrafo. “No sé en qué momento empecé a crear; simplemente, una vez tuve una idea que era posible desarrollarla en escena”, detalla.
Entonces finaliza la charla, porque Iñaki tiene que salir a escena, ese espacio donde parece perder valor lo que él ha dicho un momento atrás sobre la danza: “no es más que mi oficio”. Sobre las tablas, parece que la danza lo fuera todo para Iñaki. Él envuelve con sus pasos de baile al público. Allí se desvanece el hombre parco, con pose de estrella.
Impacta su técnica depurada, su gran calidad interpretativa y su histrionismo.
Ballet concierto es el cómplice ideal para que él se luzca, pero es también un grupo que al salir solo en el escenario, también convence, seduce.
El talento de Iñaki ha atravesado a los integrantes del colectivo y viceceversa.