Tomada de la edición impresa del 15 de junio del 2008

Zero no zero cierra un círculo de su trajinar

Datos

Historia del Galardón

•El premio que recibirá el 22 de este mes Zero no Zero, se denomina Otto como un homenaje al poeta guatemalteco Otto Castillo. Se entrega a quienes se han destacado en el teatro social y político.

•En ediciones anteriores este galardón lo han recibido, entre otros, The Living Theatre, Robert Wilson, Bread and Puppet Theatre y The San Francisco Mime Troupe.

• El dramaturgo alemán Heiner Mûller, uno de las grandes figuras del teatro contemporáneo, fue reconocido post-mortem con este premio.

Peky Andino y su grupo recibirán el 22 de este mes uno de los más importantes premios del teatro mundial.



Peky Andino dice que el teatro no es una herramienta para hurgar en estéticas ni en éticas. No debe estar al servicio de nada ni de nadie. El teatro es simplemente teatro. Un espacio que permite abordar las esencias: el amor, el dolor, el miedo, el sufrimiento, la locura, la desazón y la soledad, si ensancha el concepto.

Fiel a aquello que cree acerca de la madre de las artes escénicas, el dramaturgo quiteño ha desarrollado una propuesta absolutamente personal. Desbordada.

Demasiado irreverente, según algunos de sus colegas. Un teatro que alberga a personajes tan fuertes como Medea, que es capaz de decir palabras que se hilvanan hasta constituir una suerte de desgarrador canto épico:

“En batanes de la Séptima Avenida hilé con tus hijos desde la salida del sol de hielo. Corté, pegué, tinturé los trajes de Penélope, sin quejas, sin green cards, sin palabras, sin overtimes. (...) Bajé a los infiernos trescientas sesenta y cinco veces en South Street y otras tantas en el West End, tantas veces cuantas fueron necesarias para que se me congelaran las lágrimas y los recuerdos...”, dice el personaje.

Luego de ocho años de que esta mujer saliera de sus  creaciones, se colara en una de sus obras: “Medea llama por cobrar”, y tomara vida propia a través del cuerpo y la voz de  María Beatriz Vergara, Zero no Zero, la compañía teatral que dirige el dramaturgo, recibe uno de los más importantes premios del mundo escénico por este montaje.

Antes de viajar a Estados Unidos para recibir el Otto, así se denomina el galardón que ha ganado y que lo entrega el Castillo Theater de Nueva York, Andino pasa por Guayaquil.

“Al igual que las drogas, los triunfos sacuden, estremecen (...). Sin embargo, su poder es efímero”, Peky Andino. 


Lo hace, porque tiene que visitar la única locación en la que se desarrollarán las escenas de la película “Prometeo deportado”, de Fernando Mieles, cineasta de esta ciudad. El filme empezará a rodarse en unas semanas y Andino asumirá uno de los personajes.

Aunque no pensaba que la visita a esta ciudad incluiría un diálogo con la prensa a propósito de su premio, el artista acepta que se lo convoque para hablar del tema.

Café de por medio, el hombre que dejó de lado sus estudios de leyes para sucumbir a una vida más cercana al vuelo poético, como él menciona, luce emocionado. Le sobran motivos para mostrarse así, pues representa al primer colectivo sudamericano que gana un Otto.
 
Él, sin embargo, dice que prefiere no tomar este momento muy en serio, porque  a pesar de que los premios crean atmósferas especiales, aquello se acaba pronto. “Al igual que las drogas, los triunfos sacuden, estremecen, desajustan de la realidad. Sin embargo, su poder es efímero, como lo es el teatro, como lo es la vida misma”, aterriza.

Andino -quien también fue uno de los miembros fundadores  del grupo musical Sal y Mileto, en 1994- dice que la intensidad de este episodio no está en el premio. Está en que este, a su vez, permite cerrar un círculo de su paso por las artes escénicas.
 
“La obra habla de una migrante ecuatoriana en Estados Unidos. Representar a “Medea” allá, es saldar una deuda con ese personaje. Devolverlo al entorno donde fue concebido”, explica el autor.

“Medea llama por cobrar”, que representó al país en el Festival Mayo teatral, de Cuba, en el 2006, se ha convertido en una de las obras del teatro ecuatoriano que mejor ha calificado la crítica especializada tanto al interior del país, como fuera de aquí.

Probablemente, su éxito radica en que Andino ha logrado traducir en ella cómo se siente frente a la vida. Por eso, “Medea llama por cobrar”, aunque sea dolorosa, es una obra bella, porque habla de algo verdadero.  

“No me gusta la realidad. Le tengo fastidio. Detesto ir al banco, tener que someterme a una vida de clase media. No me gusta ser parte productiva de la sociedad. Por eso, cuando leo noticias como esa (la que propició el guión de la obra) en la que dice que una mujer ecuatoriana se había lanzado a los andenes de un tren para suicidarse porque su marido se regresó a este país para vivir con otra mujer, no me queda más que abordar su esencia. La del dolor. La del amor destrozado. Y escribir”, explica el dramaturgo.

Andino y su grupo Zero no zero, que han llevado a escena obras como Kito kon k, Edipo y su señora mamacita, Sacrificios del alma, Que te perdone Dios, yo no; Hasta nunca clase media, Eres Perla que te hundiste, entre otras, representan una propuesta valiente que ha alterado el status-quo del teatro nacional,  que se ha metido con los símbolos que nadie se metía, tanto los sociales, como los teatrales. Y lo seguirán haciendo, dice Andino, porque para ellos el riesgo es hermoso. Porque no tienen miedo de darlo todo, ni tampoco, de perderlo todo...
María Paulina Briones
mbriones@telegrafo.com.ec
Editora - Cultura
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