El cine negro va al teatro
La compañía El cronopio presenta la obra “Crímenes”, basada en textos de Bukowski y Stefano Benni.
Para llegar a la sala donde están ensayando los actores del grupo teatral de creación colectiva, El cronopio, hay que atravesar la amplia terraza de la Casa de la Cultura, en Quito, donde soplaba un viento helado la tarde del miércoles anterior.
Ya adentro, con un calorcito acogedor, los actores se preparan para dar vida a una de las escenas de la obra “Crímenes”, del director Guido Navarro, que tiene como eje central un libro iconoclasta del norteamericano Charles Bukowski, Pulp, junto a algunos textos sacados de Baol, del italiano Stefano Benni.
En un sofá al fondo del escenario está un viejo ejemplar rayado de la novela de Bukowski, y la versión en italiano del libro de Benni. (Guido Navarro, el director de la obra, estudió cuatro años en Italia y dice que a Benni jamás lo leería en español).
La versión teatral sigue con fidelidad a Bukowski, en esta parodia delirante llena de detectives incompetentes, y de una misteriosa dama -muy voluptuosa ella- que llega a la agencia de detectives en busca de su gato.
“Yo estaba sentado en mi oficina, mi contrato de alquiler había vencido y McKelvey estaba empezando los trámites para desahuciarme. Aquel día hacía un calor del demonio y el aire acondicionado se había roto. Una mosca se paseaba lentamente por encima de mi escritorio. Extendí el brazo con la palma de la mano abierta y la puse fuera de juego. Me estaba frotando la mano con la pernera derecha del pantalón cuando sonó el teléfono. Lo cogí.
–¿Sí?–dije.
–¿Ha leído usted a Céline?–preguntó una voz femenina. La voz era bastante sexy y yo llevaba mucho tiempo solo. Décadas.
–¿Céline?–dije–. Ummm...
–Quiero a Céline –dijo ella–. Tengo que conseguirlo.
Aquella voz tan sexy me estaba poniendo realmente cachondo”.
Tan fiel es esta adaptación que los actores repiten la palabra “cachondo”, un término demasiado español que debieron cambiar por “caliente”.
En “Crímenes” no es una exageración decir que el cine negro más clásico se viste para ir a las tablas. Y que el humor (también negro), la parodia y el absurdo se dan la mano en un montaje que dura 1h:20 minutos y que tiene, también, espacio para las coreografías y el trabajo con títeres.
Cuentan los actores que para hacer esta pieza emprendieron una ardua investigación de dos años sobre asuntos detectivescos y criminalísticos. Y miraron todo el cine policial clásico que pudieron. María José Vélez, con un fino histrionismo y claro talento para la imitación; Alejandra Ponce, Eugenia Villagómez, Christian Aslalema, Andrés Castro (estupendo en su detective vernáculo), y Cocolo Revelo dicen que, con esta obra, no solo pretendieron burlarse del cine de detectives sino también “reflexionar sobre otros aspectos actuales de la sociedad”.
María José Vélez explica que la señora M. encarna a la misma muerte. Ella imposta una voz seductora, pero de una dama ya madura. “El modelo es sacado de una película de los Hermanos Marx”.
Por su parte Andrés Castro explica que se trata de un teatro que le habla “directamente al público”. Con pocos efectos especiales (tan a la usanza en el teatro experimental moderno) y con pequeños espacios para darse “una escapadita” lanzando dardos satíricos muy atados a la realidad.
Es el caso de la parte de los títeres, en una escena en que se está persiguiendo a un sospechoso vinculado a una fundación que trafica órganos y se llama Corazón feliz. Los títeres, en este caso, son un símbolo para denunciar la subasta de órganos que se realiza en el montaje de Navarro.
Como los del grupo El cronopio saben bien que el teatro jamás podrá competir con el cine buscaron el recurso de reforzar los planos teatrales con la proyección de diapositivas.
El cronopio no solamente es un grupo teatral, también se desdobla como escuela, y fue allí donde se formaron todos los actores que intervienen en “Crímenes”. Ellos, y otros del país, ayudan a mantener una tradición que tiene mucha más fuerza (todo hay que decirlo) en Quito que en Guayaquil.
Es que como dice el director Guido Navarro “el teatro sigue siendo una ceremonia de pocos”. En esta de acá -a la que usted está invitado- lo espera un extraño caso por resolver.
Crímenes se presenta hoy, a las 20:00, en el Patio de Comedias de Quito.
David Sosa
dsosa@telegrafo.com.ec
Editor-Séptimo Día