Un teatro que niega el artificio
Mimo Teatro Escala es una agrupación de mimo corporal que ha fundado una escuela en Guayaquil.
Deshacerse de los artificios: los textos, el vestuario, de la mayor cantidad de elementos escenográficos; de la voz, inclusive. Desechar esa “fatiga de principio del mundo, la sensación de estar cargando el cuerpo, un sentimiento de increíble fragilidad, que se transforma en rompiente dolor”, como escribió el poeta, dramaturgo y actor francés Antonin Artaud (1896-1948), en su libro ‘El Ombligo de los limbos’ (1925).
Martín Peña y Yanet Gómez han llegado a aquello luego de un trajinar intenso por las artes escénicas, aunque están conscientes de que todavía les falta camino por recorrer, respuestas que hallar, detalles que afinar.
La historia de este par de artistas que dirigen desde hace pocos meses una novedosa escuela teatral en Guayaquil, cuyo fin es difundir la técnica del Mimo Corporal donde hallaron la síntesis de sus búsquedas-, empezó hace más de una década.
Peña recibió clases de teatro en la Universidad de Cuenca y fue parte de varios grupos de esa -su- ciudad. Gómez, en cambio, estudió Artes Escénicas en La Habana, a la que llegó luego de dejar su natal Sancti Espíritus, también en Cuba.
Aunque ambos consideran que el tránsito por sus respectivas escuelas se constituyó en buenas experiencias, esa necesidad de investigar con profunda seriedad sus cuerpos -esas herramientas básicas del trabajo que comparten- no quedó satisfecha en tales espacios.
Gómez trató de solucionar aquello tomando los recursos que le proporcionaba la compañía cubana de la que fue integrante, luego de graduarse, en un primer momento.
Se convenció de que el grupo sería un lugar de creación, ejecución y -sobre todo- de búsqueda de nuevos y reales significados del cuerpo.
De hecho, creyó que había llegado a un importante estadio de la interpretación escénica, estando allí... Ahora constata, por el contrario, que tal experiencia correspondía solamente a una primera fase de la historia que está labrando.
Un día, a la agrupación que pertenecía, le llegó una invitación para presentarse en Cuenca. Tras la actuación, Gómez se quedó en esta ciudad.
La artista cubana, entonces, conoció al actor y también músico ecuatoriano. Descubrieron que sus búsquedas apuntaban hacia la misma dirección y se volvieron pareja en la vida y en el arte. Finalmente, formaron Mimo Teatro Escala.
El tiempo, sin embargo, transcurría y las preguntas con respecto al manejo de sus cuerpos ahora les llegaban como en una vorágine.
La segunda parte de la historia, entonces, debía producirse. Corría el 2006 y los artistas decidieron armar maletas e ir a estudiar a la Escuela Internacional de Mimo Corporal, con sede en Londres, cuya línea de acción lejos está de la pantomima, que tiene como referente máximo a Marcel Marceau y que su misión es cambiar las palabras por gestos.
La técnica que promueve tal escuela londinense fue instituida en la década del 30 por el francés Etienne Decroux (1898-1991). Apunta a que el cuerpo es el principal (único-verdadero) medio de expresión; y el actor/actriz es el punto de partida para la creación.
Con el desarrollo de principios básicos, como el manejo del peso, la resistencia y la sorpresa, quienes sucumben a esta técnica apuntan al objetivo que se planteó Decroux: “hacer visible lo invisible”, tal como lo hizo el compositor y director orquestal Gustav Mahler, quien escribió obras que llevan al límite la sonoridad de los instrumentos, que permiten que los ejecutores lleguen a registros jamás hurgados.
“Es ahí donde ocurre algo mágico”, dice Peña. Y establece, efectivamente, un parangón con la música: “Cuando uno se acerca a una pieza de piano, debe conocer previamente la técnica del instrumento. Luego, haber leído la partitura y comprendido el contexto en el que fue concebida. Solamente ahí, el músico está en capacidad de interpretarla, porque con esas herramientas es capaz de ingresar a la esencia del compositor para sacarlo y entregarlo al público”, concluye el artista.
María Paulina Briones
mbriones@telegrafo.com.ec
Editora - Cultura