Símbolos andinos y estereotipos al cine
El filme nacional Blak mama se estrena, en el circuito comercial, el próximo 6 de marzo.
“La iconografía popular nos gusta y nos asusta. Cuando escucho la canción Patria me da ganas de vomitar pero a la vez me emociona. Hay una relación contradictoria con los íconos”, explica el cineasta Miguel Alvear acerca de la película Blak Mama, que se estrena en el circuito comercial el próximo 6 de marzo.
El filme es precisamente una experiencia audiovisual que parte del universo simbólico andino y los estereotipos sobre los que se basan los conceptos de identidad. Los directores, Alvear y Patricio Andrade, parten de una experiencia dancística del mismo nombre: el montaje Blak Mama/ Abandones Boundaries, realizado en el 2002 con Orts Theater Dance de Toucson, Arizona, y su segunda versión en el 2004.
Al surgir la idea de adaptar la obra al contexto audiovisual, tomaron esas situaciones performáticas improvisadas y las dotaron de un componente dramático, ya que, según Alvear, querían contar una historia de estructura dramática clásica. “La idea era que la obra entrase al circuito comercial”.
La trama gira en torno a tres personajes, Blak, Bámbola y I don dance, quienes son recicladores de papel y por un motivo que no se conoce, son escogidos por dos seres sobrenaturales (Capi Luna y Ángel Exterminador) para pasar al otro lado de la puerta del perdón. Esta especie de viaje místico-fantástico está lleno de guiños simbólicos dentro de una narrativa que rompe con la lógica común cinematográfica.
Pese a ello, Alvear no la reconoce como una película netamente experimental. “Es el público el que debe decidir. La idea es ver hasta qué punto la gente puede reconocerse en un discurso que no es el discurso cinematográfico, en términos de estructura y dramaturgia”, explica. No obstante, este filme “esteticista, surrealista y paródico”, según un texto explicativo sobre la película, presenta una estructura fragmentada con la lógica de un espacio onírico. El impacto que produce el tratamiento estético-simbólico y visual es más grande que su articulación narrativa.
Según Andrade, esta dinámica presente en el filme procede de un momento de crisis que todos vivimos. “Esta película propone una necesidad de transformación que es necesaria para encontrar otro camino, lenguaje e identidades”.
Alvear, por su parte cree que se trata de “el cómo, a partir de la raíz, podemos construir otra cosa”. De ahí el membrete cine post-ecuatoriano, con el que sus realizadores han descrito a la película.
Su realización
La cinta recibió el premio Augusto San Miguel, según el dictamen del jurado, por “su perfecta sinergia entre danza y actuación; excelente manejo del humor negro; el surrealismo, las cautivantes actuaciones y su novedosa propuesta audiovisual”. Con esto obtuvo US$ 25.000.
La película fue galardonada con el premio San Sebastián en la edición del 2006. Este es un reconocimiento que se hace a las películas que están en proceso de elaboración.
Además ganaron un reconocimiento del Consejo Nacional de Cine en el 2008 que apoyó para la terminación del filme que dirigieron Miguel Alvear y Patricio Andrade.
El proyecto empezó como una conjunción de vídeo con danza contemporánea. Luego de dos representaciones escénicas en las que el vídeo sirvió de recurso narrativo y escénico, los creadores se deciden a transformarlo en un audiovisual.
El filme inició su rodaje en agosto del 2006 y estaba previsto su estreno para julio del 2008. Esto se aplazó y por ello en la sala de Ochoymedio se proyectará el próximo viernes 6 de marzo.
Rocío Carpio
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Reportera-Quito