Tomada de la edición impresa del 28 de agosto del 2008

La identidad detrás del rostro de un hombre

Los autores de la obra quisieron, en un principio, enfocar desde otra perspectiva el tema de los indígenas.  | FOTO: CARLOS POZO / El Telégrafo.

FOTO: CARLOS POZO / El Telégrafo.

Los autores de la obra quisieron, en un principio, enfocar desde otra perspectiva el tema de los indígenas.

Un año tardó para desarrollar la dramaturgia de la obra que toca tópicos universales como la injusticia social, el poder, el rechazo y la opresión.



Jericó esta sentado sobre un espantapájaros, elevado sobre el maizal, suponemos. Busca. Se busca. A través de sus palabras, duras y poéticas a la vez, intenta desgranar eso que le rodea y a sí mismo dentro de un mundo paradójico y conflictivo. Jericó se derrumba entonces, como la misma muralla de la ciudad bíblica. Y en esa analogía, su protección es resquebrajada poco a poco, hasta verse desnudo frente al mundo y al dolor. Los conflictos de ese universo –que parecía ajeno- son sus conflictos ahora.

“El día y el Olvido”, del grupo de teatro Huella de Mente, es una obra que según José Lino Suntaxi, uno de sus directores, habla sobre los desaparecidos. “Pero no simplemente de la gente, sino también de otras cosas como la identidad, por ejemplo”. Esas ausencias se representan a la manera de viajes de su propia conciencia, de sus recuerdos y de su entorno real, visto desde lo metafórico. “La obra está concebida para ser poética y literaria visualmente”, acota Suntaxi.  Por este motivo, los diálogos son casi monólogos en los que la dirección actoral se destaca por momentos. Quizás el manejo corporal, aunque trate de estar al mismo nivel, se acentúe por sobre lo textual, (la vocalización a veces falla) recordando una clara influencia del teatro Malayerba, al que pertenece, también, Suntaxi. La atmósfera onírica y el tratamiento dramatúrgico, además de la puesta en escena y la escenografía, recuerdan a este grupo quiteño que ha dejado estela en el teatro nacional, por haber creado su propio estilo.

Jericó se derrumba entonces, como la misma muralla de la ciudad bíblica.

Suntaxi creó, junto con actores ecuatorianos y colombianos, el grupo Huella de Mente, en el 2004. Un año después obtuvieron el premio “Francisco Tobar García” con la obra “A la sombra del padre”. Esta es la segunda producción del grupo.

Un año tardó para desarrollar la dramaturgia de la obra que toca tópicos universales como la injusticia social, el poder, el rechazo y la opresión. “Incluimos temas más propios y coyunturales como la Constituyente, la importancia de los apellidos en una sociedad como la nuestra, o la imposición de un papel para poder movilizarse o entrar en un país”, acota Suntaxi.

Una de las escenas más hilarantes y mejor logradas es la que toca el tema de los apellidos. Dos personajes que refuerzan todo el componente dramático encarnan a los García, seres contradictorios y de supuesto abolengo, que generan reflexiones acerca de lo que significa “ser alguien”.  El ser portadores de un rostro, como ecuatorianos, determina ya una identidad frente al mundo. Jericó (Suntaxi) representa al ecuatoriano de clase social baja, que es quien más siente lo que sucede dentro de una sociedad.  La obra es circular y  pretende ser atemporal, escenifica un estado espiritual más que físico o social.

De jueves a sábado, 20.00. Domingo, 18:30. Casa Malayerba. Valor US$ 8 y US$ 6 dólares.
Rocío Carpio
mcarpio@telegrafo.com.ec
Reportera-Quito