Tomada de la edición impresa del 23 de julio del 2008

Zúñiga: la belleza de lo marginal

La exposición “Barroco Guayaco” reúne 60 obras (pinturas, dibujos y grabados) que muestran el trabajo de Hernán Zúñiga desde la década del 70. | FOTO: CARLOS POZO / El Telégrafo

FOTO: CARLOS POZO / El Telégrafo

La exposición “Barroco Guayaco” reúne 60 obras (pinturas, dibujos y grabados) que muestran el trabajo de Hernán Zúñiga desde la década del 70.

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Una muestra retrospectiva del artista ambateño se exhibe en Quito, en el Ministerio de Cultura.



Un retratista de la marginalidad, de aquello que el maquillaje urbano quiere esconder. Hernán Zúñiga, ambateño de nacimiento pero guayaco de corazón, es un antropólogo de las calles. El material de sus obras está allí. Él, artista plástico autodidacta, busca dar visibilidad a lo invisible, y hallar una estética ahí en donde la belleza oficial se niega a entrar.

Esa estética de la marginalidad de la que Zúñiga habla con orgullo, precisamente es la que se exhibe en su más reciente exposición “Barroco Guayaco”, montada en la sala de Juan Villafuerte del Ministerio de Cultura, en Quito.

Quizás llame la atención que el barroco como tal no aparece en su obra, sino en la concepción de aquel entorno que conoce de memoria. “La conducta del guayaquileño es barroca, desde cómo se aposta en las veredas a oír el fútbol a todo volumen, su manera de comer encebollado, hasta ciertos aspectos de la esfera delincuencial”, explica el artista plástico.

La muestra es una retrospectiva de su obra desde los años setenta. Una de las constantes temáticas que denotan las 60 pinturas, dibujos y grabados es la expresión de estas culturas urbanas, producto de un imaginario popular, en donde gamines, mendigos, prostitutas y delincuentes, si bien son los paradigmas del submundo que el falso urbanismo quiere esconder, también conviven con personajes y tradiciones populares profundas.

Muchas de esas tradiciones -según Zúñiga-, han desaparecido gracias a una regeneración urbana que “no es una regeneración humana”. En su obra están presentes estas realidades y personajes retratados a través de una estética algo kitch, tanto de Quito como de Guayaquil.

Marisol Cárdenas, curadora de la exposición, cataloga el trabajo de Zúñiga como un alfabeto marginal, en el que conviven estas representaciones de lo humano en conjugación con el espacio. La voz del excluido es transformada en una composición visual que demanda su propia estética. Trazos rudos, colores crudos y metáforas visuales, se manifiestan en un figurativismo en el que lo humano se fusiona con lo mítico y lo animal.

Hay en la muestra cierto zoomorfismo evidente en algunas de sus obras que utilizan el símbolo del pájaro. “En mis cuadros, ni el ave, ni el hombre son libres, contradiciendo así la idea de libertad que implica el volar”, afirma.

Su estética es moderna por excelencia, sin embargo, al experimentar con lenguajes contemporáneos como el ready-made, el arte objeto y el performance logra que sus obras tengan una vigencia actual.

Aunque el artista se identifica con el expresionismo alemán, asegura que su intención allá por los setenta, cuando ciertos artistas querían romper las estéticas del indigenismo que reinaba en la plástica, fue la de crear un neo-figurativismo. “Hicieron del indio un souvenir”. Así, se relacionó con los “Cuatro Mosqueteros”: Iza, Unda, Jácome y Román, por lo que es conocido como el “Mosquetero Guayaquileño”. Junto con ellos exploró nuevas posibilidades y lenguajes.

“Barroco Guayaco” es la tercera entrega de una serie de exposiciones y eventos que Zúñiga ha planteado desde la temática de lo popular-marginal. La primera se realizó en Estampería Quiteña, y la segunda en la Casa de las Artes en la Ronda , en donde incluso realizó una procesión performática.
Rocío Carpio
rcarpio@telegrafo.com.ec
Reportera-Quito