Tomada de la edición impresa del 05 de julio del 2008

Víbora Julieta es solo rock

Gabriel Fandiño “Don Gabo” hace los gritos, Carlos Proaño “El Niño” está en la distorsión,  Ramón Murillo es “Ron Damón mal bajo” y “Brunobrutanza” realiza los golpes.  |  FOTO: ALDO CARRANZA

FOTO: ALDO CARRANZA

Gabriel Fandiño “Don Gabo” hace los gritos, Carlos Proaño “El Niño” está en la distorsión, Ramón Murillo es “Ron Damón mal bajo” y “Brunobrutanza” realiza los golpes.

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Datos

El viernes 20 de junio Mamá Vudú llegó desde Quito para celebrar sus quince años en el bar Diva Nicotina, del cerro Santa Ana (Guayaquil). ¡Buenazo!, como dicen en la región interandina.


Para acompañarlos en el festejo estuvo Víbora Julieta como banda invitada. Fue una fiesta de emociones grandes con dos estilos bien diferenciados. Mamá Vudú cerró con poder y con muchos de los asistentes reclamando por más. Ellos los dejaron con las ganas porque al día siguiente tenían tocada en un festival en Daule.


Víbora Julieta demostró que la inclusión de Ramón Murillo, que tocaba por primera vez en el bajo y el paso de Gabriel Fandiño para concentrarse en la parte vocal, fue un acierto y así debe permanecer para el futuro. Sin exagerar las virtudes en el dominio del instrumento, Murillo se condujo con acierto y armonía. Encajó perfecto y el efecto se sintió en la fuerza interpretativa de Fandiño, que no ‘arrugó’ y siempre fue adelante con temple y estilo.


Carlos Proaño fue a lo suyo en la guitarra que no lució perfecta porque el sonido del amplificador se mantuvo bajo y los que estaban alejados del escenario no disfrutaron como debían.


Los seis temas que propusieron agradaron y se observó a un Bruno Carranza más suelto aporreando la batería, pero al que le falta todavía entrarle con más fuerza y dejar establecido el ‘power’ que el rock callejero y de estilo sucio siempre necesita. Por lo pronto bien.


Las estrellas eran los Mamá Vudú que arrancaron una gira desde Quito y piensan ir a donde los inviten. La base de los Mamá Vudú son el siempre listo Edgar Castellanos, en la guitarra, voces y secuencia; Álvaro Ruiz, batería; y Roger Ycaza, también en la guitarra y voces. Ellos dejaron claro que los quince años valen la pena celebrarse y que las influencias que aceptan de las bandas Joy Division, The Smiths, Sonic Youth, Fugazi y Pixies les han dejado enseñanzas bien aprendidas en temas como “Cámara de niebla”, “Atrapados” y “Coches de choque”. Regresen pronto.

Cumplen ocho años y los celebran con un concierto el sábado 19 con más bandas amigas.

Antecedentes

Se encontraron en el Bellas Artes en 1996 y bajo la influencia de Soundgarden crearon el grupo en el 2002.
 
Las primeras reuniones fueron en la casa de Carlos Proaño en Sauces 3 junto a otros estudiantes.


 
Víbora Julieta comenzó a inventarse en el patio del colegio Bellas Artes de Guayaquil donde coincidieron  tres de sus miembros: Carlos Proaño, Daniel Saltos y Gabriel Fandiño. Bruno Carranza -ahora Víbora- también andaba por ahí, pero no se encontró en sus inicios con ellos. En una noche de disparatadas aventuras de los tres primeros, en el dormitorio de Carlos Proaño, la cosa prendió fuerte y se largaron a hacer rock de garaje con sonido propio.


Fueron algunos intentos con varios cantantes que se arrimaron por la banda, los que tuvieron con la intención de dejar definido el cuarteto. Al final, Gabriel Fandiño, imitando lo que hacía Chris Cornell en Soundgarden, decidió cantar, a la vez que tocaba la batería.  En esos días nacieron algunos temas que son la base sobre la cual ‘los víboras’ han cimentado su trabajo: “Vagabundo”, “Tocando fondo” y “Alexa”. Fandiño es el autor de sus letras. Así estuvieron un tiempo hasta que apareció Bruno Carranza.

Cuenta la leyenda urbana que  Carranza pasó un día por el garaje donde ensayaban los víboras y se enamoró del sonido del grupo. Eso coincidió con que, por motivos religiosos, Daniel Saltos abandonó  la banda; y fue entonces que el trío se reinventó con apodos incluidos: Gabriel Fandiño, “Don Gabo Estrella”, en el bajo y los gritos; Carlos Proaño, “El niño del mal”, en la guitarra y la distorsión animal; Bruno “Brutanza” Carranza, en la batería y los golpes... Lo bueno comenzó.


Con esa formación empezaron su recorrido haciendo el camino largo de los grupos sin miedo. Bares y escenarios baratos sin paga, pero con abundante diversión y encuentro directo con el público que identificó inmediatamente su sonido de pelea y los adoptó como uno de sus favoritos. Esta banda de rock indie ecuatoriano, de músicos callejeros, gozadores de la farra, originarios del puerto Guayaquil, al que llaman “Kill City”, como ellos dicen, tiene presencia y fanáticos.


El estilo musical que propone está basado en la emulación de las grabaciones del rock setentero fusionado con el ‘grunge’ de los 90. La técnica de grabación es de “live performance”, es decir, una captura directa del audio tocando todos los integrantes al mismo tiempo, sin ediciones, consiguiendo texturas de reverberancia real. Rock pesado, sucio y de piedra.


Para ellos “Víbora Julieta” es la mujer amada por excelencia. Ese amor auto destructivo que todo hombre llega a sufrir, una analogía del peligro y romance escondidos en un juego de palabras, una apología al despecho, un amor cargado de letal veneno. La primera referencia hacia el nombre nace de un poema del artista plástico Ilich Castillo, que le escribió a un amor anónimo, en las aulas del Bellas Artes en 1997. El poema se perdió en el abismo del tiempo, pero quedó la banda que no quiere abandonar y ahora incorporó a Ramón Murillo, en el bajo: ¡el cuarteto está completo!

 

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