Tomada de la edición impresa del 18 de julio del 2008

La angustia en rosa

Marion Cotillard obtuvo el Oscar a mejor actriz principal por su impresionante personificación de Edith Piaf, diva de la canción francesa que vivió tormentosamente.  | FOTO: WWW.EDITHPIAFMOVIE.COM

FOTO: WWW.EDITHPIAFMOVIE.COM

Marion Cotillard obtuvo el Oscar a mejor actriz principal por su impresionante personificación de Edith Piaf, diva de la canción francesa que vivió tormentosamente.

Datos

La ficha


Dirigida por: Olivier Dahan
País: España, Reino Unido, República Checa, 2007
Guión: Olivier Dahan e Isabelle Sobelman
Intérpretes: Marion Cotillard, Sylvie Testud, Emmanuelle Seigner, Gérard Depardieu, Clotilde Courau, Jean-Paul Rouve y Catherine Allegret

La cartelera quiteña ofrece film biográfico de la cantante Edith Piaf



En los últimos años, parecería que se hubiera consensuado, entre los productores y directores cinematográficos, una receta, una suerte de prescripción para hacer “biopics”, especialmente cuando tratan sobre figuras de la música popular: se debe conseguir un buen director de arte que garantice la ambientación de época, un guionista capaz de compendiar la vida que se pretende contar, hasta volverla un bloque lo suficientemente sintético para que el espectador asimile el periplo del personaje; y, por último, hallar a un actor o actriz principal con hambre de consagración. Allí están, como ejemplo –unas con mayor éxito comercial y artístico que otras-, las cintas sobre Ray Charles, Johnny Cash, Héctor Lavoe y, estrenada recientemente en la cartelera nacional, la que hace alusión a la deidad nacida de los lupanares parisinos de principios del siglo XX, Edith Piaf.

 “La Vie en Rose” (2007) cumple con esa caracterización, porque no es la lectura filosófica de un artista (en este caso, del director Olivier Dahan) sobre otro transfigurado en mito; como pueden serlo –en el registro histórico de las “biopics”- “Malcom X”, de Spike Lee (aunque allí el personaje no es un artista sino un activista político), “The Doors”, de Oliver Stone e, incluso antes, la cinta que en 1936 Alex Korda realizó sobre la vida de Rembrandt. Dahan lo que hace es un sensible trabajo técnico y narrativo, administrando bien las elipsis, los “flashbacks”, el contraste de planos, la fotografía del maestro Tetsuo Nagata y los movimientos de cámara, en función de fijar una estampa del sufrimiento de una mujer.  Por todo aquello obtuvo el Oso de Oro en la última Berlinale.

La tarea de entender el legado estético y ético de Piaf fue asumida, más bien, por quien debía interpretarla: Marion Cotillard, joven actriz francesa que, en lo que a cintas coproducidas por norteamericanos se refiere, había trabajado, entre pocos, con Abel Ferrara, viejo y ajado tótem del cine independiente, pero no era ni de lejos conocida en Hollywood. Al ganar el Oscar no pudo articular sus frases ni domesticar su estupor, pero se trataba de una intérprete capaz de arrogarse retos, de comportarse como una “curtida” profesional. Para este filme calcó, al mejor estilo mimético de Cate Blanchet, los gestos de su personaje, y entendió el meollo de la “pequeña gorrión”, su condición de símbolo/síntesis de la más auténtica forma de inteligencia: la de aquellos que tuvieron como única academia la espontaneidad, la improvisación propia de la supervivencia, el animal ingenio del arrabal.

En el caso de Piaf, se trata de un delicioso y malicioso argot, de una velocidad mental (en eso, por ejemplo, Lavoe era parecido, pero Marc Anthony, a diferencia de Cotillard, no logra registrarlo) que la hacía el centro de cualquier conversación, y que captó al poeta surrealista Jean Cocteau. Reza la leyenda que éste falleció al enterarse de la muerte de su “pequeña”.   

El guión –desarrollado también por Dahan- se concentra, fundamentalmente, en la relación amorosa de Piaf con el boxeador Marcel Cardan (Jean-Pierre Martins), en las circunstancias puntuales de su ascenso a la fama y en su adicción a la morfina, “universo” donde hallaba una especie de sórdida ternura (“Sister Morphine”, dirían los Rolling Stones).

Casi al terminar la cinta, se muestra a la cantante en una playa californiana, durante un retiro para alejarse de las drogas. Una importante revista acude a entrevistarla: “Es raro verla lejos de París/ nunca estoy lejos de París/ ¿Aceptaría vivir una vida sensata?/ así es mi vida/ ¿Si no pudiera cantar?.../ no podría vivir/ ¿Le tiene miedo a la muerte?/ menos que a la soledad/ ¿Reza?/ sí, porque creo en el amor/ ¿Cuál es el recuerdo más entrañable de su carrera?/ cada vez que se levanta el telón/ ¿Le gusta la noche?/ sí pero con mucha luz/ ¿El amanecer?/ con piano y amigos/ ¿La tarde?/ porque para nosotros es el amanecer/ Si tuviera que darle un consejo a una mujer, ¿cuál sería?/ que ame/ ¿a una joven?/ que ame/ ¿a una niña?/ que ame”. Hay que escuchar a las deidades.
Fabián Darío Mosquera
fmosquera@telegrafo.com.ec
Coordinador
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