Arthur Cravan: pájaro acuático
El MAAC Cine presenta, hoy, documental sobre un poeta boxeador.
Desde hace ya algunos años, Cataluña –especialmente a través de la Universidad Pompeu Fabra, con gente como el fallecido maestro Joaquín Jordá- ha contribuido notablemente, sobre todo en términos cualitativos, a la producción europea y mundial de cine documental. Contando, casualmente, con el apoyo del programa de maestría en documental de dicha institución, Isaki Lacuesta –joven y talentoso director- empieza a darle forma, en “Cravan vs Cravan” (2002), a la fórmula que repetiría en “La leyenda del tiempo” (2006), quizá su cinta más conocida.
Dicha fórmula consiste en seguirle los pasos a un personaje histórico significativo, a través de las indagaciones de alguien espiritualmente cercano a él. En “La leyenda…”, la admiración de una cantante japonesa y uno español por el “cantaor” flamenco Camarón de la Isla, nos acerca al fulgor de su herencia. Una herencia que, a su vez, se convierte en talismán para dos personajes retratados –como casi siempre logra hacerlo Lacuesta- mostrando gran destreza en el ritmo narrativo.
En “Cravan...”, ganadora del premio del público en el Festival de Cine de Cataluña en el 2002, se advierte ya esa destreza, ese pulso para sostener la narración como una cuerda que se tensa solo lo suficiente. Esto se debe, en gran medida, a un hábil uso de las imágenes de archivo, las entrevistas, las secuencias de docu-ficción -concebidas como bloques de sentido que se pueden “insertar”, en algún instante, para preservar a la narración del anquilosamiento-, del buen registro estético en los encuadres; y de una banda sonora lúdica de Víctor Nubla y Pascal Comelade (lúdica... con ese par no podía ser de otra forma).
Pero hacer “Cravan…” debe haber sido un deleite para el realizador nacido en Gerona, debido, sobre todo, a que el retratado es un personaje inconmensurable.
Arthur Cravan, nacido en 1887 como Fabien Avenarius Lloyd, en Lausana, fue un artista capaz de conciliar, quizá como nadie, la acción y la palabra, esos elementos que conforman la dicotomía que venció y angustió a artistas como Yukio Mishima y Roque Dalton. Cravan fue boxeador y poeta, además de chofer en Berlín, motor del dadaísmo, dandi excéntrico y pintor en París, aventurero expedicionario en el Atlántico (donde murió) y sobrino de Oscar Wilde, de quien Lacuesta utiliza, como epígrafe para su documental, una frase que a Cravan le queda a la medida: “Quien vive más de una vida, debe morir más de una muerte”.
Como narrador, haciendo las veces de elemento de articulación de la historia y los espacios en los que se movió el escritor suizo, el realizador ha elegido a Frank Nicotra, por razones que parecen evidentes: es boxeador, director de cine y diletante de la escritura.
La identificación de Nicotra con la propuesta de Lacuesta es inmediata. Incansable, repite el periplo del poeta: Lausana, donde nadie lo recuerda, París, donde algunos escritores dicen que Cravan era el comportamiento como arte, es decir, una forma pura del escándalo; Barcelona, ciudad en la que peleó un título mundial, y, por último, el Golfo de México, donde desapareció.
Su apellido, según expresa alguien en la cinta, parece condensarlo: un cravan es un pájaro acuático, o un molusco que se pega en los buques, iniciando un viaje hacia lo incierto. Hacia la vida. Cravan: un poeta pájaro que no supo ver la diferencia entre poema y vida.
Fabián Darío Mosquera
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Coordinador