El lado claro del corazón
Dreamworks apuesta este año por la comedia animada Kung Fu Panda.
El dominio de la animación 2D lo regenta, como se sabe, ese hijo moderno de Disney llamado Pixar. Pero este año su apuesta –la cinta Wall-E, aún no estrenada- tendrá competencia en premios, crítica y taquilla. Quién sabe si no reciba un golpe… una patada de Kung Fu, para ser exactos. Lo que ocurre es que Dreamworks ha puesto en la cartelera mundial –con un sonado estreno en Cannes- su Kung Fu Panda (John Stevenson y Mark Osborne, 2008).
Si su hijo ha estado hostigándolo para ir a verla, no se aflija; seguro usted disfrutará también de esta sensible cinta que honra los dos antecedentes con los que Dreamworks se ganó, en su momento, un espacio en el campo cinematográfico de la animación: Shrek y Madagascar.
La cinta tiene por “obertura” una secuencia onírica fiel en su estética al ambiente cultural que rodea la historia, una entrañable fábula –a la usanza china- sobre el valor de la verdad que reside en el corazón de los seres nobles. La construcción narrativa logra esquivar el recurso fácil de los personajes estandarizados o planos: aquí todos tienen su personalidad singular; el torpe panda Po, pulcro de alma (aunque con gestos muy hechos a imagen y semejanza del comediante Jack Black, quien le presta su voz); el cascarrabias pero astuto maestro Shifu (con la voz de Dustin Hoffman) y el viejo Oogway (voz de Randall Duk Kim), maestro de maestros, lleno de sabiduría.
La historia gira en torno al amor que Po siente por el arte ancestral del Kung Fu. El problema es que su trabajo en un restaurante de fideos y su torpeza corporal no pueden alejarlo más de la posibilidad de convertirse en un guerrero. Pero su día llega, por accidente… aunque sería mejor escuchar al sabio Oogway: “los accidentes no existen”.
Tai Lung (voz de Ian McShane), un peligroso leopardo de las nieves que fue discípulo de Shifu, acaba de escapar de prisión y está listo para atacar –por segunda vez- el Valle de Paz. La primera vez lo hizo porque, a pesar de sus conocimientos casi absolutos del Kung Fu, no recibió el rollo del guerrero del dragón, que contiene los últimos secretos de los peleadores. Oogway se negó a entregárselo, vio ira y herrumbre en su corazón.
Ahora, el pueblo encara una nueva amenaza, y alguien debe ser nombrado guerrero del dragón para hacerle frente a Tai Lung. Los más opcionados son los cinco actuales alumnos de Shifu: Tigresa (Angelina Jolie), Mono (Jackie Chan), Víbora (Lucy Liu), Grulla (David Cross) y Mantis (Seth Rogen); pero la responsabilidad –el dedo seleccionador de Oogway- cae sobre Po, quien, intentando entrar en el reducto en el que se hace la elección, se sienta en una silla propulsada por juegos de artificio, y cae justo en el centro de la plaza. “El guerrero dragón nos ha caído del cielo”, dictamina el viejo maestro. Y aunque los otros, al ver al obeso panda, creen que se ha equivocado flagrantemente, la limpieza de su intuición le asegura que es la decisión correcta. Al final, como ocurre frente a los verdaderos sabios, los incrédulos entienden el porqué.
En el filme destacan las secuencias de pelea, con un gran ritmo narrativo en el que se contrastan planos y se juega con un efecto de cámara lenta, que permite apreciar el minucioso acabado gráfico de los cuadros. En otras palabras, la fábula viene en buen empaque. Pero lo más importante es su mensaje, sutil y a la vez hondo; sin llegar a la ramplona moraleja, y que sugiere la introspección para dar con los hallazgos que nos permitan, como a Po, ser otros, sin dejar de ser nosotros.
Fabián Darío Mosquera
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Coordinador