Amor devorado por la culpa
Joe Wright habla, en su película "Atonement", del amor, la lucha y la desgracia.
Utilizando con sumo rigor estético (si esa paradoja es posible) instrumentos de la creación cinematográfica, como la edición de sonido –incluida una excelente banda sonora original-, la dirección de arte –incluida una sensible selección de locaciones- y una gran fotografía, con los correctos movimientos de cámara –esencialmente el travelling-; Joe Wright (Londres, 1972, también director de “Pride and prejudice”) ha logrado con “Atonement” (2007, traducida como “Expiación”) una excelente película. Una sucesión de tomas cuya composición de encuadre es un delicado trabajo de orfebrería visual. Y eso se agradece. También, por supuesto, la historia –un típico cliché amoroso pero muy bien resuelto y matizado- basada en una novela de Ian McEwan.
1935. Una acaudalada familia inglesa se prepara, durante un día de calor, para una cena en su ostentosa casa de campo. Cecilia (Keira Knightley), la hija mayor, mantiene una deliciosa y apremiante comunión erótica y amorosa con Tobbie (James McAvoy), el hijo de la criada, quien es ejemplar en todo sentido, y a quien la familia ha ayudado a estudiar en Cambridge. Difícil no conmoverse con la idea del amor que sugiere Wright: un lúdico privilegio del placer, un compromiso que posee la textura de la ensoñación, y que asumen los dos personajes frente a la mezquindad de la vida. Todo en locaciones que parecen sacadas de un cuadro impresionista de Marie Bracquemonde. Por supuesto, semejante perfección idílica termina por ser objeto y causa de acechanzas y perturbaciones.
Briony, la pequeña hermana de Cecilia, aspirante a escritora, inteligentísima, también está obnubilada con el fulgor de Tobbie. Las circunstancias le darán motivo para que ponga su inteligencia al servicio de una intriga que se constituye en síntoma de sus celos, de su frustración. Porque en la cinta de Wright –valga decirlo- la idea de la inocencia infantil queda simplemente destrozada. Prueba irrefutable de aquello: el personaje interpretado –con notable solvencia- por Juno Temple.
Debido a una declaración de la pequeña escritora, Tobbie termina acusado de un crimen grave, y las consecuencias desencadenadas por el uso de la palabra que acusa, llevarán a Briony a buscar en la palabra estética un sitio para expiar su culpa. Para imprimirle algún sentido a su remordimiento. Ya consagrada como novelista, envuelta en la vejez –interpretada a estas alturas por Vanessa Redgrave-, publica al fin la historia de cómo le desgració la vida a su hermana.
Wright –más allá de un par de lugares comunes en la puesta en escena- demuestra con esta cinta que es un gran narrador: sabe cuándo acelerar el ritmo de montaje, ha trabajado bien con los actores –la pequeña Saoirse Ronan fue nominada a un Oscar- y utiliza talentosamente ciertos elementos simbólicos como eslabones entre escenas o tomas. Basta fijarse, por ejemplo, en los distintos significados que en esta película posee el agua. Es el agua del más obstinado erotismo, el agua de la salvación, pero también de la destrucción.
Con “Atonement”, Wright se convirtió en el director más joven en abrir el Festival Internacional de Venecia, y la película ha recibido, unánimemente, elogiosos comentarios de la crítica especializada. Y Keira Knightley -quien quizá se encamina a ser, de acuerdo con la usanza antigua, la actriz fetiche del director- Dios santo… muestra la elegancia y la belleza de una actriz clásica.
Se trata, en fin, de una película -intentando un membrete- absolutamente recomendable. La joya que resplandece entre el vertedero de basura. Es decir, la cinta que destaca en la insípida, lamentable y a veces -muchas- incluso insultante cartelera ecuatoriana de cine comercial.
Fabián Darío Mosquera
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Coordinador