• 26 May 2013
  • Editorial Cartón Piedra
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  • ¿Cómo el sector cultura garantiza un cambio de la matriz productiva?

    “La actual matriz productiva ha sido uno de los principales limitantes para que el Ecuador alcance una sociedad del Buen Vivir”, señalaba un documento de la Secretaría Nacional de Planificación y Desarrollo. Desde el plano económico, eso es evidente: heredamos (y aún mantenemos algunos rasgos) una economía dependiente de la producción y exportación de bienes primarios y de recursos naturales (agotables), con escasa tecnificación y poco valor agregado en los diferentes procesos de comercialización.

     

    Aunque los esfuerzos en materia de política pública han sido destacables para superar esta situación, el problema radica en que la dimensión del cambio de la matriz productiva se ha reducido únicamente al plano económico. Por ejemplo, en el actual Plan Plurinacional e Intercultural para el Buen Vivir se plantea ese objetivo, pero para cumplirlo se establece una serie de metas como: reducir la dependencia de consumo de los denominados productos primarios, como el petróleo por ejemplo.

     

    “Aunque los esfuerzos en materia de política pública han sido destacables para superar esta situación, el problema radica en que la dimensión del cambio de la matriz productiva se ha reducido únicamente al plano económico”.A su vez, para dar ese salto cualitativo, el Plan contempla como prioridad la inversión en sectores que generen bioconocimiento, servicios ecoturísticos, tecnología, pero no menciona el campo de la creación artística ni de las industrias culturales, cuando estas en el mundo aportan al Producto Interno Bruto (PIB) con más del 7%; en el caso de EE.UU. la incidencia es del 11%, en Argentina alrededor del 4% y en Colombia representan aproximadamente el 3%.

     

    En Ecuador, aunque todavía no se tienen cuentas satélites consolidadas sobre el campo de la cultura y su impacto en la economía, cálculos preliminares determinan que el aporte de la primera a la segunda se ubica en 1,6%, sin tomar en cuenta la circulación informal de los bienes culturales.

     

    El reto es enorme, pues más allá de visibilizar el impacto que tiene la cultura en el cambio de la matriz productiva, se debe entender que esta genera una transformación real en la matriz de pensamiento.