Santillán y la fragilidad de la memoria
En primera parte el artista va configurando el discurso de su exposición: la fragilidad de la existencia de cada elemento dispuesto en este mundo.
Anyway I haven’t lost my pants (De todos modos no perdí mis pantalones) cuelga sobre la pared. Al ojo esta obra de Óscar Santillán revela pesadumbre en la parte superior del cuadro: un hombre yace sin brazos extendido en el camino, unos árboles atestiguan el hecho y, sobre sus copas, en lo alto, un arco iris cuya diversidad colorida es suplantada por una escala de grises.
El cuadro (con técnica óleo sobre lienzo, de gran formato) tiene en la parte inferior lo que al arco iris le falta, una estela multicromática con algunos altorrelieves. De esta forma empieza un recorrido por ocho obras que conforman una muestra individual del artista que inició el pasado 29 de julio. Un fantasma que recorre el mundo es el nombre de la exhibición plástica.
Siguiendo el recorrido, junto al cuadro, está un reloj tipo torre con un péndulo. Su tiempo se ubica en un huso horario con cinco horas adelante en relación a las horas que marcan los relojes del país. Tiempo perdido es el nombre que el autor otorga al artefacto y este cobra significado al relacionarlo con el lugar donde esa hora marcada sería útil: en la mítica Atlántida, una metrópoli supuestamente perdida bajo las aguas del océano Atlántico.
Más allá, sobre la pared blanca, cuelga una serie de siete rectángulos en línea recta. Cada uno tiene colores diferentes. Coloured sperm es el nombre del conjunto. Para ello el artista, bajo cuidados médicos, combinó su líquido seminal con pigmentos. Luego de expulsarlo lo fotografió, lo amplificó y lo encuadró. Y lo ubicó en la exposición.
“Bien pudieran entenderse como un alegato que exponga la fragilidad con que se construyen nociones de masculinidad”, analiza el crítico Rodolfo Kronfle en su blog.
En primera parte el artista va configurando el discurso de su exposición: la fragilidad de la existencia de cada elemento dispuesto en este mundo.
Y esta fragilidad alcanza su punto más alto en El vigia. El artista, para esto, con una espátula, descascaró la pintura de la pared blanca de la Galería DPM (sitio de la muestra en Guayaquil). Con los restos de pintura modeló una especie de edificación en miniatura. De este modo se halla con un nuevo entorno de significado diverso, de otra lectura.
Para Santillán (miembro del colectivo Lalimpia), este es un modo de modificar la realidad y poner en evidencia como nada existe, pues todo se va modificando y resignificando. “Al momento que tú reconstruyes el orden del mundo que te rodea, en ese instante le das a las cosas otras posibilidades de lectura”, explica sobre su trabajo.
Luego, a esto acompaña la obra Memorial. Esta se compone por varias hojas del diario The New York Times cuya tinta fue extraída y secada por un proceso químico. Este pigmento sirvió para hacer la miniatura de un venado que se ubica en el vasto espacio del periódico en blanco.
Santillán aclara que no es nada en contra de los ‘mass media’ (medios masivos de comunicación), sino que los periódicos los llevan a “pensar que un diario es la memoria de un día, pero también es una memoria frágil, que de manera prematura se pierde en el tiempo. Pues al día siguiente vendrá otro diario y el anterior quedará ahí”.
El artista dice que su obra tiene que ver con las sensaciones de la realidad latinoamericana. “Los artistas la procesamos de otra manera, estamos reconstruyéndola, creando nuevos mundos que jerárquicamente no son más ni menos importantes que este”. (Óscar Pineda)